domingo, 8 de febrero de 2026

El lenguaje de la aviación: "Roger", "Mayday" y "Pan-Pan"

El idioma oficial de la aviación es el inglés, pero es un inglés muy específico. No decimos "Yes" o "I understand"; usamos palabras que tienen un solo significado posible.

En el caso concreto de “Yes” y “No”, decimos “Afirma” y “Negativo”; observa que no decimos “Afirmativo” para que no haya lugar a dudas si se entrecorta la comunicación.

¿Qué significa "Roger"?

Es la palabra más famosa y la más malinterpretada. "Roger" no significa "Sí". Significa simplemente: "He recibido tu última transmisión".

Si un controlador me dice: "Vire a la izquierda rumbo 270", yo no respondo "Roger". Debo repetir la instrucción (readback) y en el caso de repetirla mal el controlador me corrige. El "Roger" se usa solo para confirmar que se ha escuchado una información que no requiere acción, como un informe meteorológico.


Las llamadas de emergencia: "Mayday" vs "Pan-Pan"

Aquí es donde la precisión salva vidas. No gritamos "¡Ayuda!" por la radio. Usamos dos términos distintos según la gravedad:

Mayday, Mayday, Mayday: Se repite tres veces. Indica una emergencia con peligro inminente para la vida o el avión (fuego en cabina, fallo de todos los motores). Nos da prioridad absoluta sobre cualquier otro avión en el mundo.

    *Origen: Viene del francés "m'aider" (ayúdenme).

Pan-Pan, Pan-Pan, Pan-Pan: Se usa para situaciones urgentes pero no críticas de inmediato. Por ejemplo, un pasajero con un problema médico grave o un fallo de un sistema que no impide volar pero requiere desviarse. Avisa al controlador de que tenemos un problema y necesitamos atención prioritaria, pero el avión sigue volando de forma segura.

  *Origen: Viene del francés "panne" (avería).


El Alfabeto Fonético

Para evitar confundir una "B" con una "D", deletreamos todo usando el alfabeto de la OTAN: Alfa, Bravo, Charlie, Delta... Si tengo que decir mi matrícula, EC-LMR, diré: "Echo, Charlie, Lima, Mike, Romeo". Es imposible equivocarse así, incluso con una radio que suena como una freidora de patatas.


¿Por qué los pilotos hablamos con esa voz tan pausada?

No es que seamos todos clones de Chuck Yeager. Hablar despacio y en un tono monótono es una técnica de seguridad. Si yo empiezo a gritar por la radio, transmito estrés al controlador y a mi compañero. Mantener la voz calmada ayuda a mantener el cerebro frío para resolver el problema. Y por supuesto todos nos vamos a entender mejor teniendo en cuenta que nos estamos comunicando en un idioma que no es nuestra lengua materna.

Los controladores ingleses hablan relativamente rápido ya que su espacio aéreo está lleno de aviones peleándose por un hueco para hablar, pero cuando detectan un acento extranjero automáticamente te suelen hablar más lento; aquí es donde yo hablo en inglés con mi mejor acento de Zaragoza y me aseguro que me van a hablar despacio y vocalizando. En cualquier caso siempre puedo decir “Say again” (diga otra vez) para pedir que me repitan la última transmisión; no decimos “Repeat” que en una radio con ruido puede resultar más difícil de comprender.


Otro ejemplo que me gusta mucho es la relativamente reciente sustitución de “Go ahead” (adelante) por “Pass your message” (pase su mensaje); imagina que hay un vehículo pidiendo entrar en pista para una tarea, escucha por frecuencia “Adelante” y entra en la pista cuando solamente se le estaba pidiendo que expresase su petición ¿un poco peligroso, no?


Mi reflexión desde el cockpit

Este lenguaje es lo que nos une a todos los pilotos del mundo. Puedo estar aterrizando en Tokio o en Lima, y estar seguro de que me voy a entender con el controlador. Es un sistema basado en palabras cortas y claras que evitan saturar la frecuencia de radio con comunicaciones largas y que se produzcan malentendidos.


sábado, 7 de febrero de 2026

Muertes en vuelo; lo que lo te han contado.

Es un tema del que nadie quiere hablar a 10,000 metros de altura, pero la estadística no miente: con miles de millones de pasajeros volando cada año, es inevitable que algunos terminen su viaje antes de aterrizar. Las aerolíneas tienen protocolos muy específicos y un tanto "macabros" para manejar esto sin alterar el orden del vuelo.

Aquí tienes la realidad de lo que ocurre cuando alguien fallece en pleno trayecto:

1. El protocolo del "Pasajero que duerme"

La prioridad número uno de la tripulación es mantener la calma. Si un pasajero fallece, rara vez se anuncia o se hace evidente.

La Práctica: En lugar de mover el cuerpo a un área de carga (lo cual es físicamente difícil y poco digno), los auxiliares de vuelo suelen dejar al fallecido en su asiento.

El "Truco" Visual: Se le coloca una manta hasta el cuello y, a menudo, se le ponen gafas de sol o se le reclina el asiento para que parezca que está profundamente dormido. Si el vuelo no va lleno, pueden trasladarlo a una fila vacía o a Primera Clase (donde hay más espacio), pero siempre intentando que pase desapercibido para el resto de los pasajeros.

Por qué se hace: Mover un cuerpo por el pasillo de un avión lleno generaría un pánico colectivo y una crisis de ansiedad en los pasajeros cercanos. La negación visual es la mejor herramienta de gestión de crisis.

2. El "Cadáver en el Galley" o el armario

En algunos aviones de largo recorrido (como los Airbus A340-600 antiguos), existían compartimentos específicos o "armarios para cadáveres" cerca de las salidas, pero la mayoría de los aviones modernos no los tienen.

La Realidad: Si no hay espacio en los asientos, el cuerpo puede ser trasladado al galley (la cocina) o a un área de descanso de la tripulación que esté fuera de la vista. Se le asegura con cinturones de seguridad adicionales porque, legalmente, un cuerpo no asegurado se convierte en un proyectil peligroso en caso de turbulencia severa.

3. ¿Por qué el avión no siempre aterriza de inmediato?

Contrario a lo que dicta la lógica, que un pasajero muera no obliga legalmente al capitán a realizar un aterrizaje de emergencia inmediato.

El Proceso de Decisión: El capitán consulta con servicios médicos en tierra. Si se confirma que la persona ha fallecido (aunque técnicamente solo un médico en tierra puede declarar la muerte legal), el capitán debe decidir:

1. Aterrizar en un país intermedio: Esto implica trámites burocráticos masivos, autopsias en países extranjeros y problemas de repatriación para la familia.

2. Continuar al destino: Si faltan pocas horas, a menudo es mejor para la familia y para la logística de la aerolínea continuar el vuelo.

Por qué se oculta: La idea de que podrías estar volando durante 5 horas junto a una persona fallecida porque es "logísticamente más sencillo" es una verdad que las aerolíneas prefieren no publicitar.


Lo que ocurre al aterrizar

Una vez que el avión llega a la puerta de embarque, los pasajeros suelen desembarcar primero. El cuerpo se retira de manera discreta después de que la cabina esté vacía, y es entonces cuando entran las autoridades locales y los servicios médicos para la declaración oficial.

Pero esto ¿pasa muchas veces?

Hablar de estadísticas precisas sobre fallecimientos en vuelo es complejo, porque la industria no está obligada a publicar un "contador" global de muertes naturales, pero basándonos en estudios médicos de aviación y datos de las grandes aerolíneas, podemos trazar un panorama real:

Las Estadísticas de lo Inevitable

Frecuencia: Se estima que ocurre una emergencia médica por cada 600 a 700 vuelos. Sin embargo, la gran mayoría no termina en fallecimiento. Es la típica situación donde se pregunta ¿hay algún médico a bordo? (Los médicos deben de viajar mucho porque casi siempre hay).

Muertes Reales: Las estadísticas sugieren que hay aproximadamente 0.3 a 0.6 muertes por cada millón de pasajeros. Si consideramos que antes de la pandemia volaban unos 4,500 millones de personas al año, esto se traduce en una cifra estimada de entre 1,300 y 2,700 fallecimientos anuales en el aire a nivel mundial.

Causas Principales: El 86% de las emergencias médicas graves en vuelo son problemas cardíacos. De los fallecimientos confirmados, la inmensa mayoría son paros cardiorrespiratorios en personas con condiciones preexistentes.

El Perfil: Curiosamente, no siempre son personas mayores. El estrés del viaje, la deshidratación, la presión de la cabina y el sedentarismo prolongado (trombosis) afectan a un espectro amplio de pasajeros.

El contexto de los datos

Es importante notar que muchas veces el fallecimiento no se cuenta "oficialmente" como ocurrido en el vuelo. Como mencioné antes, legalmente solo un médico puede declarar la muerte. Si el médico lo hace tras el aterrizaje, la estadística cuenta como una muerte en hospital o en tierra, lo que ayuda a las aerolíneas a mantener sus cifras de "muertes a bordo" técnicamente bajas.


lunes, 26 de enero de 2026

Lockheed SR-71 Blackbird: El Fantasma de Titanio que Doblegó al Tiempo


Si el Douglas DC-3 fue el avión que enseñó al mundo a volar y el Comet el que nos llevó a la era del jet, el
SR-71 Blackbird es el avión que parece haber venido de otra galaxia. Durante más de 30 años, fue el secreto mejor guardado de los Estados Unidos y, a día de hoy, sigue siendo el avión tripulado más rápido y de mayor vuelo jamás construido.

No es solo un avión; es una obra de arte de la ingeniería que desafió las leyes de la termodinámica.


Un nacimiento en el Área 51

El SR-71 nació de la mente brillante de Clarence "Kelly" Johnson, el líder de los Skunk Works (la división de proyectos secretos de Lockheed). El objetivo era claro: crear un avión de reconocimiento que fuera imposible de derribar. ¿La solución? No hacerlo invisible, sino hacerlo tan rápido que ningún misil pudiera alcanzarlo.

Su primer vuelo tuvo lugar el 22 de diciembre de 1964. Desde ese momento, el mundo de la aviación militar cambió para siempre.


El desafío del calor: Un avión de titanio

A las velocidades que volaba el Blackbird (más de 3.500 km/h), la fricción con el aire generaba temperaturas de más de 260°C en la superficie del fuselaje, llegando a los 500°C cerca de los motores.

Materiales espaciales: El aluminio convencional se habría derretido. Por ello, el 85% del avión estaba construido con titanio. Curiosamente, durante la Guerra Fría, EE. UU. tuvo que comprarle el titanio a la Unión Soviética a través de empresas pantalla para poder fabricar el avión que los espiaría.

El avión que gotea: En el suelo, los paneles del SR-71 no encajaban perfectamente y el combustible se filtraba. Esto era intencionado: el avión estaba diseñado para que, al calentarse en vuelo, el metal se expandiera y las piezas sellaran perfectamente.


Especificaciones Técnicas: Rompiendo récords

El SR-71 no volaba, "navegaba" en los límites del espacio.

Velocidad máxima: Mach 3.2 (más de 3.530 km/h). Para que te hagas una idea, podía cruzar Estados Unidos en menos de una hora.

Techo de servicio: Volaba a 25.900 metros (85.000 pies). Los pilotos tenían que usar trajes espaciales presurizados, idénticos a los de los astronautas del Gemini o el Apolo.

Motores: Dos turborreactores Pratt & Whitney J58. Lo increíble de estos motores es que a altas velocidades funcionaban como "estatorreactores", succionando aire y quemándolo de forma tan eficiente que el avión corría más cuanto más rápido iba.


La mejor defensa es la velocidad

A diferencia de otros aviones espía, el SR-71 no llevaba armas. Su única defensa era su potencia. Durante su carrera, se dispararon más de 4.000 misiles contra los Blackbirds en distintas misiones sobre Vietnam, Corea del Norte o Libia.

¿Cuántos fueron derribados? Cero.

Cuando el sistema de alerta del avión detectaba un misil enemigo, el procedimiento estándar del piloto era simplemente acelerar. El misil se quedaba sin energía intentando alcanzar a un fantasma que ya estaba a kilómetros de distancia.


Una estética de otro mundo

El color negro azulado del avión no era solo por estética o para esconderse de noche; era una pintura especial diseñada para absorber y emitir calor, ayudando a enfriar el fuselaje. Sus formas fluidas y sus "chines" (los bordes afilados a los lados del morro) le daban una estabilidad aerodinámica única y reducían su firma en el radar, siendo un precursor de la tecnología stealth.


El fin de una leyenda

El SR-71 fue retirado definitivamente en 1998. El alto coste de mantenimiento y la llegada de satélites espía de alta resolución hicieron que el gobierno decidiera que ya no era necesario. Sin embargo, ningún satélite puede cambiar de órbita tan rápido como un Blackbird podía presentarse sobre cualquier punto de la Tierra.


El SR-71 Blackbird sigue siendo el rey absoluto de la velocidad. Es un recordatorio de lo que la humanidad puede lograr cuando se propone superar límites imposibles. Hoy, los ejemplares que quedan descansan en museos, pero sus marcas de Mach 3.2 siguen ahí, esperando a que alguien, algún día, se atreva a superarlas.


domingo, 25 de enero de 2026

De Havilland Comet: el legado del primer avión comercial a reacción.


En la historia de la aviación, pocos nombres evocan una mezcla tan intensa de admiración y melancolía como el
De Havilland DH.106 Comet. Fue el avión que lo cambió todo: el primero que permitió a los seres humanos viajar por encima de las nubes, en un silencio casi absoluto y a velocidades que doblaban a las de sus competidores.  

Pero el Comet no solo es famoso por ser el primer avión comercial de reacción (jet) de la historia; también es recordado por la lección más dura que la ingeniería aeronáutica tuvo que aprender. Esta es la fascinante historia de un pionero que rozó el sol y acabó transformando la forma en que entendemos la seguridad en los cielos.  


El amanecer de la Era del Jet

A finales de la década de 1940, mientras el resto del mundo seguía perfeccionando los aviones de hélices como el Douglas DC-6, el Reino Unido decidió dar un salto de gigante. La compañía De Havilland diseñó un avión que parecía sacado de una película de ciencia ficción.

El Comet realizó su primer vuelo el 27 de julio de 1949. Cuando el mundo lo vio, quedó impactado: no tenía hélices visibles. Sus cuatro motores de reacción estaban "escondidos" dentro de las raíces de las alas, dándole un aspecto futurista, limpio y extremadamente elegante.  


Un lujo a 10.000 metros de altura

El Comet entró en servicio comercial con la aerolínea BOAC en mayo de 1952, cubriendo la ruta Londres-Johannesburgo. Para los pasajeros de la época, la experiencia era casi mágica:

Velocidad: Volaba a 780 km/h, reduciendo los tiempos de viaje a la mitad.

Comodidad: Al no tener hélices, las vibraciones desaparecieron. El vuelo era tan suave que los pasajeros podían poner una moneda de canto sobre la mesa y esta no se caía.

El cielo azul oscuro: Mientras otros aviones sufrían las tormentas a baja altura, el Comet subía hasta los 12.000 metros, volando por encima del clima, donde el cielo es de un azul profundo y el aire es totalmente calmo.


Especificaciones Técnicas: El estándar del futuro

El Comet era una maravilla tecnológica. Aquí están los datos que lo hacían único en su lanzamiento (versión Comet 1):

Motores: Cuatro turborreactores De Havilland Ghost 50.  

Capacidad: Originalmente transportaba a unos 36-44 pasajeros, lo que lo hacía un avión exclusivo y de lujo.  

Innovación en la cabina: Fue el primer avión comercial con una cabina presurizada de alto rendimiento, necesaria para que los pasajeros pudieran respirar a las altitudes extremas a las que volaba.

Diseño visual: Sus ventanas eran grandes y, curiosamente, cuadradas, un detalle estético que más tarde resultaría ser crucial.


La tragedia y el misterio de los accidentes

El éxito del Comet fue total... durante un año. En 1953 y 1954, la tragedia golpeó de forma inexplicable. Tres aviones se desintegraron en pleno vuelo sin previo aviso y sin que los pilotos pudieran emitir ninguna señal de socorro.

El mundo estaba conmocionado. ¿Cómo podía el avión más avanzado del mundo simplemente romperse en el aire? La flota fue inmovilizada y Winston Churchill ordenó una investigación sin precedentes, que se convertiría en la más exhaustiva de la historia de la aviación.


La lección que salvó miles de vidas: La fatiga del metal

Los ingenieros de la Royal Aircraft Establishment hicieron algo increíble: construyeron un tanque de agua gigante y metieron dentro un Comet completo. Mediante bombas hidráulicas, inflaron y desinflaron el avión miles de veces para simular los ciclos de presurización de los vuelos reales.

Tras semanas de pruebas, el fuselaje reventó. La causa fue un fenómeno que entonces no se entendía bien: la fatiga del metal.

Resultó que las ventanas cuadradas eran el punto débil. El estrés de la presurización se concentraba en las esquinas de las ventanas, creando diminutas grietas invisibles que, tras muchos vuelos, hacían que el metal fallara de golpe, provocando una descompresión explosiva.

Dato clave: A raíz de este descubrimiento, todos los aviones del mundo (incluidos los Boeing y Airbus que usas hoy) se diseñaron con ventanas redondeadas. Las curvas distribuyen la presión de manera uniforme, evitando que el metal se rompa.


El regreso: El Comet 4

De Havilland aprendió la lección y rediseñó el avión por completo. En 1958 nació el Comet 4, un modelo mucho más grande, potente y, sobre todo, seguro. Fue el primer jet en realizar un servicio transatlántico regular entre Londres y Nueva York, ganándole por solo unas semanas al famoso Boeing 707.  

Sin embargo, el daño a la reputación ya estaba hecho, y los competidores estadounidenses (Boeing y Douglas) habían aprovechado el tiempo de investigación británica para sacar aviones más grandes y eficientes. El Comet 4 siguió volando con éxito durante años, pero el dominio del mercado ya se había desplazado al otro lado del Atlántico.


El legado del Pionero

Aunque comercialmente no fue el éxito masivo que Gran Bretaña esperaba, el legado del de Havilland Comet es incalculable.

• Fue el avión que descubrió los peligros de la fatiga del metal.  

• Estableció los protocolos de investigación de accidentes que usamos hoy.

• Su diseño básico sirvió para crear el Hawker Siddeley Nimrod, un avión de vigilancia marítima que estuvo en servicio con la Royal Air Force hasta el año 2011.


El Comet fue un mártir de la aviación. Fue el avión que tuvo que fallar para que todos los demás pudieran volar seguros. Cada vez que miras por la ventana redonda de un avión moderno, estás viendo el legado directo del De Havilland Comet. Fue una máquina hermosa, audaz y valiente que nos enseñó que el cielo no perdona errores, pero que el ingenio humano siempre encuentra la forma de aprender y seguir subiendo.