lunes, 30 de octubre de 2017

Estuve en el infierno gallego, y no lo apagué.

Ojalá fuera verdad...
Esta es la historia de una derrota. La lucha contra el fuego es así, hay días en que la naturaleza se pone en tu contra, y no hay nada que hacer, esa famosa regla de la alta temperatura, fuerte viento y baja humedad se cumple, y da igual lo que hagas, te vence.

Después de tres meses fuera de casa, la campaña se daba casi por terminada, por fin podría deshacer la maleta y volver a mi rutina. Me encanta mi trabajo, pero he de reconocer, que durante los meses de verano, mi vida es un poco desordenada y dormir en mi cama, poder ir a mi gimnasio habitual y retomar algunas costumbres, es algo que se agradece. Ese 5 de octubre, una llamada iba a echar por tierra mis planes.

Las altas temperaturas, nada habituales para esta época del año, habían llevado a tomar la decisión de incrementar el número de aviones destacados fuera de Torrejón, en resumen, había sido obsequiado con una semana de campaña extra en Salamanca debido al alto riesgo de incendio durante los siguientes días. Desde luego, el que tomó la decisión, acertó.

Esa semana, volamos todos los días, todos los aviones, todas las horas. Fue duro, pero se podría decir que íbamos ganando "los buenos". Cada día, había algún incendio nuevo que tras muchas descargas conseguíamos dejar más o menos controlado, los equipos de tierra se encargaban de rematarlos durante las horas que nosotros no podíamos volar. Esos son los días en que te acuestas cansado pero encantado de tener un trabajo así.

Recuerdo especialmente uno de los embalses que utilizábamos, Belesar, que, como muchos de los embalses de Galicia, es estrecho, corto y "encajonado" entre montañas; su bajo nivel no ayudaba precisamente. Cuando un embalse tiene poca agua, suceden varias cosas: tienes que bajar más, esos metros que el pantano pierde de profundidad son metros que tienes que meterte más en el agujero, para luego salir, y creedme, cuando vas cargado con seis mil kilos de agua, esos metros de más se notan. Por otro lado, los obstáculos que estaban sumergidos, emergen y convierten en inutilizables muchas zonas del embalse, lo que limita la superficie que se puede recorrer sobre el agua. Tengo que reconocer que mi compañero, que apenas lleva seis meses en la unidad, estuvo a la altura y realizo las cargas con una maestría que ya quisieran pilotos más veteranos. En vuelos tan largos, distribuirse el trabajo es fundamental y poder confiar en tu copiloto ayuda mucho a aguantar durante todo el periodo de vuelo. 

Alguien me ha preguntado por qué si los incendios son en Galicia, operábamos desde Salamanca. Bien, como todo el verano, mantuvimos aviones en Santiago, pero este aeropuerto, suele amanecer con brumas, techos de nubes bajos y otros fenómenos meteorológicos que no permiten despegar a primera hora, de hecho, algún día, tuvimos que plantearnos repostar en Salamanca porque a la hora de comer, Santiago seguía con niebla. Eso supone perder casi hora y media de tiempo que pudiendo estar en el incendio, estás de camino, y cuando hay tanta gente sufriendo no puedes permitirte regalarle al fuego esa ventaja; por eso a veces apuramos el combustible y los mínimos meteorológicos, aunque siempre respetando los límites de seguridad.

La luz de "Low fuel" está sobrevalorada. Al principio asusta, luego te acostumbras.
Y llegó el domingo, probablemente mi peor día desde que estoy en el 43 Grupo. Por la mañana, para abrir boca, un enorme incendio al norte de Vigo, en Fornelos de Montes. La carga de agua en la ensenada de San Simón (Ría de Vigo), nos obligaba a cruzar constantemente la aproximación al aeropuerto, algo que ponía, y con razón, muy nervioso al controlador. La gran cantidad de medios aéreos en la zona, y la necesidad de estar en contacto con el aeropuerto cercano, convertía las comunicaciones en un caos. Por no hablar de la escasa visibilidad debido al humo.  A pesar de las excelentes condiciones meteorológicas en el aeropuerto de Santiago, a duras penas conseguimos ver la pista. Esa mañana, afortunadamente éramos cuatro aviones y nuestras descargas fueron tremendamente efectivas.

Por la tarde fue muy distinto. El viento arreció, con él la velocidad de propagación de nuestro enemigo, y también la turbulencia, lo que convirtió nuestro vuelo en mucho más peligroso e incómodo. La gran cantidad de focos, hizo que nos distribuyeran; un avión por incendio. La palabra que resume esa tarde es impotencia. 

Descargar agua sin descanso sobre un incendio, y ver como crece, es frustrante. Si además, en el tránsito entre el punto de carga y el incendio, ves como surgen nuevos focos que en poco tiempo se convierten en monstruos fuera de toda capacidad de extinción, la sensación llega a ser dolorosa; más que los golpes que nos daba el mar durante la carga, o la turbulencia al pasar cerca de las montañas. Ojalá alguien de los que tanto perdieron en esos incendios, lea esto y sepa que estábamos ahí, que no les dejamos solos, que lo dimos todo, pero no hay medios en toda España Europa para apagar ese infierno.

El camino de vuelta, no fue mucho más sencillo. El humo cubría todo Galicia y la baja visibilidad no es la mejor aliada cuando se vuela en terreno tan accidentado. En el año 2017, contamos con suficientes medios como para poder encontrar el camino de vuelta, pero es importante también poder ver para no chocar contra nada, especialmente montañas. En la atmósfera, el humo es aire caliente, y como tal, asciende hasta llegar a una capa donde se "amontona" y se vuelve muy denso. Esa capa suele coincidir con nuestra altitud máxima de vuelo por lo que no resulta aconsejable intentar atravesarla. Por otro lado, al ser producto de una combustión, su contenido en Oxígeno es bajo y podría producirse una parada de motor. Por estos motivos, ese día tuvimos que volar bajo y de verdad, resulta muy inquietante verse atrapado entre el terreno y el humo a modo de sandwich.

Estas son nuestras jornadas; hasta que se pone el sol.
Y después de una semana de incendios, en las noticias dicen que hay incendios en Galicia y que no hay medios aéreos, sí, esos que llevamos allí una semana, desde antes de que los periodistas dieran la noticia. Hace tiempo descubrí como funciona esto; mientras hagamos bien nuestro trabajo, no saldremos en los telediarios. Al menos esta vez no se ha quejado nadie de que hemos sobrevolado la playa sembrando el pánico.

El lunes fue nuestro último día en Galicia. Por fin había entrado el frente frío tan esperado, pero aún no había comenzado a llover, así que a primera hora estábamos despegando rumbo a Vigo. Desde poco después de despegar, por debajo de nosotros una capa de nubes y humo impedía ver el suelo, y en el incendio no era muy distinto. Perforar esa capa descendiendo era poco menos que un suicidio y tampoco era cuestión de agravar más la ya de por sí dramática situación. Buscamos y buscamos una manera de acceder a nuestra área de trabajo, y a pesar de nuestros intentos y de toda la colaboración de los controladores de Vigo y Santiago, fue imposible. Lo mismo sucedió en los otros tres incendios donde requirieron de nuestra ayuda. Al final, tras cuatro horas sobrevolando Galicia, con los depósitos ya pidiendo la hora, volvimos para Salamanca sin haber hecho ni una sola descarga de agua. Por la tarde llegó la tan esperada lluvia; posiblemente la única manera de apagar toda esa superficie en llamas.

Mezcla de nubes y humo. Ahí debajo, algo se está quemando.
Como anécdota, ese último día, nos cruzamos con un reactor de los que traslada a la Casa Real y el piloto nos dijo que "su pasajero" quería saber si estábamos volando. Le comentamos la situación y nos deseó mucha suerte. Muchas gracias compañeros.

Espero no volver a vivir más situaciones así, que nunca haya más incendios de esas dimensiones, pero si se producen, a pesar de todo, me encantará estar allí.

7 comentarios:

  1. Sólo puedo felicitarles y agradecerle el gran trabajo que realizan todos ustedes en la lucha contra el fuego. ¡¡Muchísimas gracias!!

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  2. Gracias a todos y en especial a mi tocayo piloto del glorioso 43

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  3. Sólo decir que... Muchísimas gracias, que sois una bendición. Como todo en esta vida no siempre se puede ganar.pero vuestro trabajo es y será siempre de agradecer.Espero que el año que viene sea más tranquilo. Un saludo y muchas gracias desde Galicia

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  4. Grazas compañeros,los que estamos abajo
    sabemos lo que valeis y lo necesarios que sois.

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  5. Grazas compañeros,los que estamos abajo
    sabemos lo que valeis y lo necesarios que sois.

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  6. Estuvistes ahí ,luchando por salvar nuestras vidas, casas,bosques ariesgando la tuya y la de los tuyos.
    No siempre se gana.
    Gracias desde Mazagón.
    Aquí nos evitateis una catastrofe tremenda.Gracias siempre.

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  7. Acabo de leer el artículo y aún tengo el vello de punta y un nudo en la garganta. Ya os admiraba mucho, pero cada día que pasa, os admiro más. Vosotros si que sois auténticos pilotos de combate. Vais a la guerra cada verano y lo dais todo. Vosotros sois los caballeros y vuestros mecánicos los escuderos que cada día cuidan de vuestras monturas para que no perdáis ni una batalla. Vivan los hombres y mujeres del 43 y viva el Ejército del Aire. Orgulloso de llevar en el hombro la misma bandera.

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