miércoles, 30 de enero de 2013

El Espíritu de San Luis; primer avión transoceánico.


Es por todos los aficionados a la Aviación bien conocido el nombre tanto del avión como del piloto que cruzaron por primera vez el Atlántico sin escalas realizando el trayecto desde Nueva York a Paris en 1927.

El Espíritu de San Luis fue fabricado en San Diego, California, y puesto que los industriales que financiaron el vuelo transatlántico eran hombres de Saint Louis se bautizó al avión “Spirit of St. Louis” en honor a esa ciudad. Su piloto, Lindbergh, participó en el diseño y en la construcción del mismo.

El avión modelo Ryan NYP (New York to Paris), un desarrollo de los Ryan M-1/M-2 fue un proyecto de Donald Hall. En tan solo dos meses se finalizó la construcción del Spirit of St. Louis.

El modelo es un monoplano  monomotor de ala alta. La estructura de las alas era de madera y alojaba dos de los cinco depósitos que alimentarían al motor, un Wright Whirlwind J-5C de 223 caballos de potencia. Los restantes depósitos irían en el fuselaje compuesto de tubos de acero y un revestimiento exterior de tela. La capacidad total de combustible fue de 1.705 litros, lo que significó un peso superior a la mitad del peso total del avión, que fue de 2.380 kg.

En uno de los diseños más aerodinámicos de la época, la obsesión por el peso y maximizar la carga de combustible de tal forma que el consumo de no i ﷽﷽﷽﷽﷽ga de combustible de tal forma que el consumo de ñéste no afectara negativamente al centro de gravedad durante el vuelo, llevaron a que por ejemplo la silla del piloto fuera de mimbre y que se situara el depósito principal delante del piloto imposibilitando la vista hacia delante por parte del mismo. Para ello Charles Lindbergh contaba con un periscopio para la maniobra de despegue y aterrizaje.

Como anécdota decir que todos sus competidores de la época optaban por aviones multimotor de gran tamaño, cuando a Lindbergh le parecía que las probabilidades de que fallara alguno de ellos eran superiores a que sólo fallara el suyo. Hay que puntualizar que en esa época si fallaba un motor los aviones no podían mantener su nivel de vuelo como lo hacen ahora.

Aterrizar en París Le Bourget catapultó a la fama a Lindbergh y a este hermoso avión que todavía puede ser visto expuesto en el Museo del Aire y del Espacio en Washington DC, EE. UU.

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